La paradoja de la abundancia o la maldición del recurso carbón

La abundancia de recursos naturales puede ser una maldición para la economía de la zona. Una paradoja que desconocía, pues aunque el manual de Samuelson que estudie en la licenciatura probablemente le dedique algunas líneas, mi memoria no da para tanto. Y ¿cómo di con la paradoja? Pues leyendo un artículo sobre el futuro de los Apalaches en el Washington Post, que luce mucho. Y, ¿Por qué leo de los Apalaches? Pues hace tiempo sigo el conflicto del carbón esa región americana, que tiene muchas similitudes a lo que pasa en muchas zonas de la cordillera cantábrica.

En el artículo mencionado se pueden leer frases como las siguientes:

“Hay una clara evidencia de que Kentucky y Virginia del Oeste se han perjudicado gravemente al abrazarse tan fuertemente al carbón”… “Dependiendo tan fuertemente de la minería, estas regiones han sido vulnerables a los más ligeros vaivenes de esa industria”… “Un estudio ha demostrado que las pérdidas de empleo son mucho mayores en las épocas de bonanza que los beneficios en los años de boom. Y ello sin computar los destrozos puede infligir en la salud y en el medio ambiente”. Y sobre el cómputo de los daños en la salud, el autor del artículo del WP aporta una investigación, ya conocida en España que es muy reveladora. Sus conclusiones, una vez analizados los costes en los diferencial de salud y de mortalidad es claro: los beneficios económicos no compensan las pérdidas en salud pública.

Y esas reflexiones ajenas las traigo a colación cuando aquí, en algunos sectores de León, se insiste en la permanencia indefinida de los cielos abiertos, apoyándose en un discurso manejado durante décadas, de que solo el carbón puede mover la economía de dichas comarcas. Sin embargo, no sé de ningún estudio de los costes y beneficios de la minería ni de ninguna planificación que se hay hecho alternativa al carbón. Se han gastado millones en obras y proyectos deslavazados, incoherentes, sin continuidad temporal, y los tristes resultados obtenidos sólo sirven para retroalimentar el argumento de que el carbón es el único recurso. Un recurso maldito, según han demostrado los economistas.